Marta Ropero / ICAL
El patio del colegio de las Agustinas de Valladolid volvió hoy a llenarse de voces, risas y esperanza. No es fue un día cualquiera, fue un día de solidaridad. Desde hace ya más de 40 años, el centro escolar Nuestra Señora de la Consolación, en Valladolid, es capaz de transformar un corriente sábado de marzo en una jornada cargada de optimismo, compromiso y amistad, con su Marcha Misionera.
Se trata de una cita que, con el paso del tiempo, se ha convertido en toda una tradición para el colegio y para muchas familias. A lo largo de estas décadas ha reunido a generaciones de profesores, alumnos, antiguos estudiantes y padres que, año tras año, se calzan las zapatillas y caminan juntos con un mismo objetivo: ayudar a quienes más lo necesitan.
La Marcha Misionera se ha consolidado como la actividad estrella del centro. Rodeados de música, ambiente festivo y un fuerte espíritu de compañerismo, los alumnos participan acompañados por sus amigos, sus familias y sus profesores en un recorrido de aproximadamente de 12 kilómetros. El itinerario partió del propio colegio y se dirigió hacia Arroyo de la Encomienda para, posteriormente, regresar al mismo punto de salida.