S. Calleja / ICAL
La asistencia sanitaria integral a personas con discapacidad grave y trastorno del espectro autista forma ya parte de la estructura estable del modelo de humanización de Sacyl. Fue un proyecto que comenzó a germinarse, hace ahora diez años, para dar respuesta a una necesidad detectada en el Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, que se ha convertido hoy en uno de los programas con mayor implantación del Plan Persona, con más de 3.150 pacientes identificados en toda Castilla y León, que podrían superar los 9.400.
El Programa ASI, de Asistencia Sanitaria Integral, nació con la misión de que los profesionales fueran proactivos y adaptaran la asistencia sanitaria a las personas que presentan discapacidad grave, ya sea física, sensorial, intelectual o psíquica, o que padecen trastorno del espectro autista (TEA), teniendo en cuenta, además, que muchos de ellos precisan de un acompañamiento permanente. No se trataba únicamente de responder cuando surgía un problema, sino de anticiparse y reorganizar los circuitos asistenciales para evitar que el entorno sanitario se convirtiera en un entorno hostil.
Y así, la dirección del Río Hortega y un grupo de profesionales comenzaron a trabajar con asociaciones de pacientes, entre ellas Fundación Personas y Autismo Valladolid, tras constatar que determinados pacientes vivían la atención sanitaria como una experiencia compleja. Este proyecto, se pilotó después, en 2018, en el Hospital Clínico Universitario; llegó en 2023 a Palencia y a Zamora, y se extendió como una mancha de aceite por toda la red de Sacyl. Esta semana acaba de ser presentado en Viena, como una solución innovadora en la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, tras recibir uno de los Premios Zero Project Award 2026.
“El Programa ASI surgió ante la necesidad de que las personas con discapacidad y con trastorno del espectro autista, que además son usuarias habituales de los servicios asistenciales, no vivan la atención sanitaria como una situación agresiva ni como un entorno hostil”, explica a Ical la jefa del Servicio de Cuidados, Atención a la Cronicidad y Humanización de la Gerencia Regional de Salud, Regina Prieto Carballo.
En urgencias, por ejemplo, se observaba que los tiempos de espera prolongados, el ruido constante o la sobreestimulación ambiental podían desencadenar crisis de ansiedad en pacientes con determinadas discapacidades. “Había una sensibilidad especial desde la dirección del centro” y se abrieron las puertas a las asociaciones, de modo que se diseñó un circuito específico que permitiera identificar a estos pacientes y adaptar su recorrido asistencial, precisan la responsable de Calidad y la subdirectora de Enfermería del Río Hortega, Mar Villacorta y Lucía Zúñiga.